Un día en la vida de María…

-Mamá, ¿está la falda negra con tachuelas limpia? No la encuentro en el armario.

-Sí, acaba de salir de la secadora, está en la mesa del comedor.

-Vale, mamá.

-¿Te la vas a poner hoy?

.-No. Se la dejaré a Iker.

-¿Para carnaval? ¿Va de mujer?

-Nooo. Simplemente le gusta y quiere ponérsela, sin más.

-No sabía que era gay.

-Es que no lo es…

-¿Y la falda?

-¡AY MAMÁ, NO TE ENTERAS DE NADA!

Uff qué carácter tiene mi hija. ¿Qué no me entero? Pues voy a consultar el libro mágico Esto de educar mola mazo, a ver qué cuenta.

LIBRO MÁGICO «ESTO DE EDUCAR MOLA MAZO»

Podemos observar en las tiendas de ropa como separan las piezas de ropa por género. El formato adulto, quizás tiene algo más de sentido ya que una persona con pechos, por ejemplo, tiene atributos que una persona sin ellos, no, y por lo tanto la ropa debe tener en cuenta estos atributos. En el caso infantil, esa diferencia de atributos no ha salido a la superficie, con lo cual, carece de sentido el hecho de separar la ropa según el género a quien se dirige.


Es curioso entrar a una tienda de ropa infantil. Hay una sección completamente rosa (con algún atisbo de otro color), mensajes cursis y diferentes animales hipersexualizados. Y en la banda opuesta, encontramos colores más oscuros, mensajes sobre aventuras y sueños, y si hay animales, estos son feroces.


Las tiendas de adult@s, frecuentemente, están separadas incluso de tienda. Es decir, una misma marca tiene un local para mujeres y otro para hombres. Del mismo modo que en las tiendas infantiles, donde las secciones están separadas claramente por colores, en las tiendas de adult@s ocurre algo parecido. Aunque el color, tejido, mensaje y forma debería ser el mismo en ambos casos, no es así. La ropa para mujeres debe ser sexy, escotada y cuanto más corta mejor. Mientras que a la ropa de los hombres no se les aplica las mismas características. De manera que en su caso cuanta más ropa mejor. Esto es fácilmente reconocible. Basta con observar la cola de cualquier discoteca.


Verás a las chicas congelarse por llevar minivestidos o camisetas de tirantes con enormes escotes en pleno invierno y a los chicos con camiseta, jersey y chaqueta. ¡Bien calentitos ellos!

¿Esto por qué ocurre? Lo cierto es que la ropa forma parte de ese estigma que nos rodea. Y ese estigma es el rol de género. Esa construcción social que delimita lo aceptable de lo que no lo es, que varía según país, cultura y época, y que desgraciadamente, limita nuestra creatividad y libertad para lucir como queramos.


Hubo una época en la que estaba mal visto que una mujer llevara pantalones.

De hecho estaba totalmente prohibido. Si no fuera porque hubo mujeres que lucharon por su libertad, por algo tan sencillo como poder escoger qué vestir, si falda o pantalón, nosotras, las mujeres de hoy, seguiríamos con la falda para todo. 


También esa construcción social varía según el país o la cultura en el que nos fijemos. Hay lugares en el mundo en el que es normal y común que los hombres lleven falda, y hay otros lugares que es una aberración.


¿Cuál es la conclusión? A mi parecer es que cada persona, independientemente de su órgano sexual o género, debería vestir como mejor le pareciera. El rol de género debería desaparecer. Su función es limitar y juzgar a las personas. Limitar que se sientan como se quieran sentir. ¿Qué sentido tiene, pues, que existan esas características limitantes?


Las tiendas de ropa infantil deberían estar clasificadas por pieza. Una sección de pantalones, otra de camisetas, otra de faldas y así sucesivamente. Sin especificar a qué género se dirige. Los colores no tiene género. Las piezas (faldas, pantalones,…) no tienen género. Y además, hasta cierta edad, no se diferencian en ningún atributo corporal distinto.

Así que todas las tiendas infantiles deberían ser ropa unisex.

Las tiendas de adult@s, estas sí, deberían diferenciar piezas con determinado atributo (pechos, por ejemplo), de las que no lo tengan. Pero no por género. La ropa debería ser también unisex. 

¿Os imagináis a un hombre que se viste con su falda favorita, sin miedo a que lo juzguen? ¿Sin miedo a que intenten adivinar su orientación sexual? ¿Sin miedo a sufrir burlas o agresiones? ¿Os imagináis a un hombre sentirse libre de poder disfrutar siendo realmente libre?

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